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Derechos Humanos Ahora!

VARIOS AÑOS EN CELDA SOLITARIA

(Difundir a solicitud de Marcela Rodríguez, desde Italia y de Vicky Torres desde Chile)

martes 11 de noviembre de 2008

CARTA CONFIDENCIAL A MIS

COMPAÑEROS DE ENCARCELAMIENTO

Por Guillermo Rodríguez M

…llora no más botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos
gritamos, berreamos, moqueamos, chillamos
maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse
llora
pero no olvides…..
(Mario Benedetti)

Recordados compañeros de encierro, compañeros de calabozos, de camarín y escotilla allá en el Estadio Nacional, ustedes que conocieron El Punto Negro, el Velódromo mientras nos apuntaban las metralletas y los fusiles de nuestros carceleros. Compañeros de la calle 10 de la Penitenciaria donde nos recibió “El Refeuto” y conocieron la solidaridad de los presos comunes que rompiendo toda regla interna nos lanzaban comida porque llegábamos famélicos y hambrientos,

Compañeros de la Calle 2 de la misma Peni donde un día la FACH me sacó en vilo tal como a otros que nunca más regresaron con vida, compañeros de la Galería 3 y 7 de esos mismos años que conocimos la mano, las cachiporras y lumazos de los “moscas azules”, compañeros que pasaron por el AGA, por los cuarteles del CNI, por la Brigada de Asalto sufriendo lo indecible, compañeras del Buen Pastor que fabricaban Peponas para llenar un poco de alegría esos días amargos, compañeros de la Galería 2 de la Cárcel Publica que sufrieron el envenenamiento y que juntos vimos morir a nuestros amigos de carreta, compañeros que fueron encarcelados en los años más luminosos de lucha contra la dictadura, militantes de la izquierda cristiana, del MIR y la Resistencia, comunistas, socialistas, mapucistas, hermanos rodriguistas, todos quienes vivimos apaleos, motines, fugas, celdas solitarias, huelgas de hambre, a ustedes me quiero dirigir, porque todos ustedes, compañeros y compañeras saben cuanto dolor, sueños, esperanzas caben en una celda de metro y medio.

Ustedes saben lo que es pasearse interminablemente dando dos pasos y girando una y otra vez para mantener el cuerpo en movimiento, ustedes saben lo que es mirar las paredes e imaginar en la textura de ella los rostros, las formas de los seres queridos. Ustedes saben lo que es el hambre, esa acumulada de días y días, que no se sacia con nada, porque aunque luego la boca se llene de alimento, quizás una glándula del alma impide disfrutar las siguientes comidas.

Ustedes saben lo que es perder casi todo frente a los verdugos y carceleros, lo que significa sostenerse solo con la dignidad cuando te pisotean todo derecho, cuando te insultan, cuando el cuerpo es sometido por la fuerza y solo queda la mirada furiosa como única arma y argumento.

Carlos, ¿Te acuerdas cuando nos tuvieron meses en celda solitaria sin hablar con nadie, ni siquiera podíamos cantar y nos cambiaban los horarios para darnos esa agüita con una acelga flotando que llamaban sopa?

Manuel ¿Te acuerdas los paseos interminables por los túneles del Estadio Nacional buscando alguna noticia de los familiares, de los compañeros, te acuerdas de la angustia de no saber nada de nada, nada de nadie, la ansiedad por tener aunque fuese un rumor de lo que a ellos le sucedía?

Javier, ¿Te acuerdas como quedábamos cuando nadie llegaba a la visita, cuando esperábamos pacientemente el turno para salir e inquietos mirábamos una y mil veces la entrada y no aparecía nadie a vernos?

Elizabeth ¿No creo que hayas olvidado cuando nos cambiaban las visitas trasladándolas de día y hora y simplemente se reían cuando reclamábamos?

¿Y cuando el gendarme nos castigaba porque sí sencillamente quitándonos todo los escasos derechos que habíamos logrado y teníamos que partir una vez más de cero?

¿Recuerdan la rabia, la furia que se nos encarnaba a todos cuando el cabo de la galería o calle simplemente no nos abría las celdas en las mañanas, no nos dejaba ir al baño después del encierro, cuando nos requisaban las radios a pilas, cuando no nos dejaban ver televisión, cuando en el paroxismo no dejaban que leyéramos, tuviésemos diarios o revistas?

¿Se acuerdan de las “vacas” que hacíamos para juntar dinero para el pasaje de la mama del compañero que venia desde el sur lluvioso o desde la pampa iquiqueña?

Pedro sabe lo que es recibir una carta cuando se está prisionero en un país lejano.

Todos quienes estuvimos presos alguna vez por motivos políticos, por nuestras acciones de masas o armadas sabemos lo que es que los compañeros de prisión lo apoyen, lo contengan, lo ayuden en los momentos del “caldo de cabeza”, del “bajón”.

Todos quienes estuvimos tras los barrotes sabemos lo que significa la visita, la anhelada y esperada visita de familiares, de amigos, de gente de la población.

Hay un chileno, un reconocido combatiente que lleva meses y años en celda solitaria.

Habita una celda donde puede dar solo tres pasos. Su cuerpo está contracturado.

Ha bajado más de ocho kilos de peso.

Tiene pólipos en su garganta y su voz se hace cada día más inaudible.

No le dejan pasar ni libros, ni revistas, ni cartas.

Tiene derecho a salir de la celda sólo dos horas al día.

Está solo en prisión. No tiene compañeros con quien conversar, no tiene compañeros que lo contengan cuando está triste o cuando esta deprimido. No tiene a quien contar sus penas o alegrías cotidianas. Languidece y se apaga día a día.

Lleva diez años de prisión y aunque inicialmente estuvo en la Cárcel de Alta Seguridad en Santiago de Chile. El nos llenó el corazón de alegría cuando se fugó junto con otros compañeros en un vuelo histórico de libertad. Siguió comprometido en la lucha y está detenido en Brasil.

Es necesario ayudar a su familia económicamente para que puedan viajar a verlo.

Es necesario que le escribamos cartas a través de su familia o la dejemos en la red para que de alguna manera se las hagamos llegar.

Es necesario hacer algo para de manera urgente para que lo trasladen a Chile por razones humanitarias.

Hay que hacerlo ahora para no estar mañana o pasado escribiendo encendidos discursos de homenaje, pintando su rostro en los afiches, leyendo obituarios en donde se destaque sus capacidades de luchador consecuente, de jefe osado, de Comandante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

Si, claramente hablo de Mauricio Hernández, “Ramiro”. Su historia de lucha y sus acciones hablan por si mismas.

Hoy necesita del apoyo y la ayuda de todos y todas. Quien si no nosotros, que estuvimos presos también por nuestras acciones y recibimos el enorme apoyo del pueblo, podemos comprender mejor que nadie por lo que él está pasando y extender nuestro apoyo solidario. Por ética, por deber moral.



NOTA DE MÁXIMO KINAST: Publico esta carta por razones humanitarias y por la solicitud de Marcela Rodríguez y de Vicky Torres, no por simpatía ni afinidad con Mauricio Hernández.

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